dijous, 28 d’agost de 2014

Oliver Glowig: Estrellas Michelin de Roma elaboradas con algo más que Pasta.

Hemos aprovechado nuestro viaje vacacional para visitar una de las joyas gastronómicas de Roma: Oliver Glowig. Este es un restaurante que para muchos de vosotros será completamente desconocido, la cual cosa no es habitual entre nuestros lectores. Esta vez os invitamos a conocer un restaurante situado en el jardín del Aldrovandi Hotel, en la prestigiosa Villa Borghese de Roma. Oliver Glowig, a la vez que es el nombre del restaurante es también el nombre de su chef. Éste, de origen alemán brilla por la precisión y la eficacia con la que trabaja el producto. Su cocina es principalmente mediterránea, pero como no, no se olvida del producto nacional del país, la pasta. Su servicio es excelente, y la elegancia del restaurante roza la perfección. Por todos estos motivos esta galardonado con dos estrellas Michelin.


El menú es sencillo, aparentemente más breve y sencillo que el habitual en los restaurantes estrellados españoles en los que se tiende a encontrar unos aproximadamente 10 platos, salvando las excepciones. En Oliver Glowig nos sirvieron 5 platos, con entrantes y postre. La clave del asunto es que los platos son más “consistentes” con más de 3 cucharadas, aspecto difícilmente apreciable en los restaurantes morro exquisito de España.

Empezamos la noche con unos entrantes que consistían en una mini hamburguesa de carne de waygu, una bruschetta de jamón y una “croqueta” de erizo de mar. A continuación y también como entrante nos sirvieron una ensalada de origen Siciliano que consistía en una mezcla de anchoa, aguacate, y manzana. Fresca y apetitosa para ir haciendo boca para la cena.



El primer plato fue una ensalada fría de fruta y verduras con base de tomate asado. Primera lanza a favor de la cocina mediterránea por parte del chef alemán. Producto crudo o semi-crudo, con un chorrito de aceite. Viva la sencillez.

A continuación nos sirvieron el plato glamuroso de la velada. Base de crema fría de lechuga romana, con ostra, pasta fresca y caviar. También sencillo, pero con mucho componente. Sabroso, arriesgado pero con resultado excelente. Os sorprenderá lo que ahora os diremos, pero nos alucinó la crema fría de lechuga fresca, tenía una textura muy cremosa, a pesar de que de primeras pensamos que sería mucho más líquida y menos sabrosa. Brutal.



Era hora de platos más consistentes. Tortellini de bacalao con espuma de tomate, aceite y oliva deshidratada. Quizá este fue el plato que nos pareció más flojo. No por la intención, sino por la ejecución. La pasta con el bacalao era buena idea, pero el bacalao estaba seco y un punto salado, quizá hubiera sido mejor idea cocer el bacalao para hacer el relleno. La espuma y la aceituna a la altura de nuestras expectativas.



Quedaban los dos principales, pescado y carne. Rodaballo y pichón. El pescado perfecto, al horno, con una base de crema de apio, guisantes y trufa. Y por otro lado, el pichón estaba espectacular. No somos muy fans de las aves, pero esta vez nos encantó. Con foie y acompañado de una crema de cebolla. Genial.



De postres, un mundo. Nos trajeron de todo. Empezaron con un sorbete de tomate con aceite y gelatina de estrágalo. Fresco y digestivo. A continuación, una tarta de chocolate que combinaba distintas texturas y temperaturas. Y a continuación los mil y un petit fours. Acompañamos foto porque en caso contrario no acabaríamos de explicarlos.






Para nosotros era la primera experiencia en un restaurante con estrellas Michelin internacional, y de lo que salimos realmente sorprendidos fue de la diferencia en el estilo. Si es verdad que se sigue un mismo patrón de calidad, de cuidado y mimo del producto, pero el estilo fue completamente distinto. La verdad es que fue una gran experiencia.

Oliver Glowig
Via Ulisse Aldrovandi, 15
Roma
info@oliverglowig.com

Precio: 200 euros por persona (vino incluido)



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dilluns, 4 d’agost de 2014

La Cuina d'en Garriga: Calidad y calidez como en casa.

La semana pasada fuimos a comer a La Cuina d’en Garriga” un restaurante – colmado situado en el centro de Barcelona, al lado de Passeig de Gràcia. La esencia de este restaurante es la materia prima, de primerísima calidad, la sensación de estar en casa y lo extremadamente bien decorado que está el local. No es difícil conseguir mesa, lo que es difícil es salir con sensación de no haber comido bien. La carta es corta, de las que nos gustan, pocas cosas pero bien hechas, y además siempre disponen de 3 o 4 platos del día. La cocina de mercado se está poniendo de moda, y con restaurantes como Casa Palet, La Cuina d’en Garriga, etc…queremos que sigan de moda durante mucho tiempo. Bien, entremos a lo que nos interesa, a comer!

La Cuina d'en Garriga



Como entrantes podemos elegir desde ensaladas a huevos estrellados, que por cierto, son un “must” en La Cuina d’en Garriga. Platos típicos y sencillos. Nosotros, al ver la cantidad de huevos estrellados que salían de cocina, no pudimos ser menos. De hecho preguntamos, y efectivamente, es lo que más sale. Se pueden tomar solos, con jamón, foie, chorizo, sobrasada…. los tomamos con butifarra del perol. Fácil y a la vez deliciosos.



Los platos principales también brillan por su tradición. Desde macarrones, hasta roastbeef, pasando por un salmón al pappillotte (que no probamos pero nos han comentado que es el estrella). Nosotros comimos uno de los platos del día: pulpo a la brasa con base de berenjena al horno que estaba espectacular. Básico, pero sublime. Por otro lado también comimos el secreto de ibérico. Crujiente por fuera y tierno por dentro, muy sabroso. Bajo nuestro punto de vista, el mejor de la comida. Salvando los postres, que estaban de muerte.



Tomamos dos pedazos de tarta. De queso y de limón. Caseras, caserísimas. Deliciosas. Aunque si no os apetece la tarta, también podéis tomar recuit de fonteta, crema de yogur y alguna que otra delicia de chocolate también tenían. Para los no amantes de la repostería veréis que justo en la entrada del restaurante, dónde la parte del colmado disponen de venta de fruta que huele de maravilla y tiene un pintón. De hecho, somos compradores habituales de tomates para nuestro Pà amb Tomaquet en casa para nuestras cenas no tan exquisitas.




En fin, no hace falta tener excusa de celebrar algo para ir a comer al nivel como lo harías en casa de tu abuela, eso sí el interiorismo del restaurante no tiene nada que ver con las cortinas de franela, ni tienen cu-cut colgado en la pared. Disfrutadlo!


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